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Estrategias nacionales de desarrollo sostenible

Descripción

El concepto de estrategia nacional de desarrollo sostenible se propuso en 1992 en el Programa 21 (capítulo 8.7), donde se pidió a los países que integraran los objetivos económicos, sociales y ambientales en un plan de acción de orientación estratégica a nivel nacional. La estrategia nacional de desarrollo sostenible “debe elaborarse con la mayor participación posible” y “debe basarse en una evaluación a fondo de la situación y las iniciativas actuales”. En el Plan para la Ulterior Ejecución del Programa 21, aprobado en el decimonoveno período extraordinario de la Asamblea General (23 a 28 de junio de 1997), los Estados Miembros reafirmaron la importancia de las estrategias nacionales de desarrollo sostenible y fijaron como meta el año 2002 para la formulación y elaboración de estrategias nacionales de desarrollo sostenible que reflejaran las contribuciones y obligaciones de todas las partes interesadas.

Sin embargo, en 2002, según los informes nacionales recibidos de los Gobiernos, solo unos 85 países habían desarrollado algún tipo de estrategia nacional, al tiempo que la naturaleza y eficacia de esas estrategias variaba considerablemente de un país a otro. El Plan de Aplicación de las Decisiones de Johannesburgo aprobado en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de 2002, en su párrafo 162.b, volvió a comprometer a los Estados Miembros a “tomar medidas inmediatas para conseguir avances en la formulación y elaboración de estrategias nacionales de desarrollo sostenible y comenzar a aplicarlas para el año 2005”.

Durante el proceso de preparación de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de 2002, se celebró en 2001 en Accra (Ghana) el Foro Internacional sobre Estrategias Nacionales de Desarrollo Sostenible, que dio lugar a la presentación del documento “Guidance in Preparing a National Sustainable Development Strategy” (Guía para la preparación de una estrategia nacional de desarrollo sostenible). En el documento, se definió la estrategia nacional de desarrollo sostenible como un proceso coordinado, participativo e iterativo de reflexiones y acciones para alcanzar objetivos económicos, ambientales y sociales de forma equilibrada e integradora. Lo más importante es que la estrategia nacional de desarrollo sostenible constituye un llamamiento a la aplicación de un cambio institucional. Su objetivo es pasar del tradicional ejercicio estático de poner un plan sobre el papel al establecimiento de un sistema flexible que permita la mejora continua. Debe ser un proceso que abarque el análisis de la situación, la formulación de políticas y planes de acción, la aplicación, el seguimiento y los exámenes periódicos. Se trata de un proceso cíclico e interactivo de planificación, participación y actuación en el que se hace hincapié en la gestión del progreso hacia los objetivos de sostenibilidad más que en la elaboración de un “plan” como producto final.

Cada país debe determinar, por sí mismo, la mejor manera de abordar la preparación y aplicación de su estrategia nacional de desarrollo sostenible en función de las circunstancias políticas, históricas, culturales y ecológicas imperantes. No es posible ni recomendable adoptar un enfoque de “plan maestro” para las estrategias nacionales de desarrollo sostenible. La designación concreta de la estrategia nacional de desarrollo sostenible no es relevante, siempre y cuando se respeten los principios subyacentes característicos de una estrategia de esa clase y que se equilibren e integren los objetivos económicos, sociales y ambientales.

Hoy en día, al incorporar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 ODS en el contexto nacional, aunque los países no las designen necesariamente como “estrategias nacionales de desarrollo sostenible”, todos los principios básicos subyacentes están profundamente arraigados en la aplicación nacional de los ODS en todo el mundo. Como se observó en los exámenes nacionales voluntarios del foro político de alto nivel sobre el desarrollo sostenible, cuestiones como la implicación nacional y un resuelto compromiso político, la integración de los objetivos económicos, sociales y ambientales entre sectores, territorios y generaciones, la amplia participación y las alianzas eficaces, el desarrollo de la capacidad y el entorno propicio, y la movilización de los medios de ejecución siguen ocupando una posición central en los debates políticos a todos los niveles.