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Seguridad alimentaria y nutrición y agricultura sostenible

Descripción

A medida que la población mundial siga creciendo, se necesitarán urgentemente muchas más iniciativas e innovaciones para aumentar de forma sostenible la producción agrícola, mejorar la cadena mundial de suministro, reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, y garantizar que todos los que sufren hambre y malnutrición tengan acceso a alimentos nutritivos. Muchos miembros de la comunidad internacional consideran que es posible erradicar el hambre en la próxima generación y están trabajando juntos para lograr ese objetivo.

Los dirigentes mundiales reafirmaron, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de 2012 (Río+20), el derecho de toda persona a disponer de alimentos nutritivos y aptos para el consumo, en consonancia con el derecho a una alimentación adecuada y con el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre. El Reto del Hambre Cero del Secretario General de las Naciones Unidas, presentado en la Conferencia Río+20, exhortó a las autoridades gubernamentales, la sociedad civil, las comunidades religiosas, el sector privado y las instituciones de investigación a unirse para acabar con el hambre y eliminar las peores formas de malnutrición.

Desde entonces, el Reto del Hambre Cero ha obtenido un amplio apoyo de muchos Estados Miembros y otras entidades. Sus peticiones son las siguientes:

  • Acabar con el retraso del crecimiento en niños menores de dos años

  • Que el 100 % de las personas tenga acceso a alimentos adecuados durante todo el año

  • Que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles

  • Duplicar la productividad e ingresos de los pequeños agricultores

  • Acabar con las pérdidas o el desperdicio de alimentos

El Objetivo de Desarrollo Sostenible de “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible” (ODS 2) reconoce los vínculos existentes entre el apoyo a la agricultura sostenible, el empoderamiento de los pequeños agricultores, la promoción de la igualdad de género, el fin de la pobreza rural, los estilos de vida saludables, la lucha contra el cambio climático y otras cuestiones abordadas en el conjunto de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la agenda para el desarrollo después de 2015.

Aparte de la ingesta de calorías suficientes, una nutrición adecuada presenta otras dimensiones que merecen atención, como la disponibilidad de micronutrientes y las dietas saludables. Las deficiencias en la ingesta de micronutrientes entre las madres y los lactantes pueden tener repercusiones en el desarrollo a largo plazo. Las dietas y los estilos de vida poco saludables están estrechamente relacionados con la creciente incidencia de las enfermedades no transmisibles, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

Se debe prestar especial atención a la nutrición adecuada durante los 1.000 días críticos que van desde el inicio del embarazo hasta el segundo cumpleaños del niño. El Movimiento para el Fomento de la Nutrición (SUN), desde su creación hace cinco años, ha logrado importantes progresos en la incorporación de estrategias que vinculan la nutrición con la agricultura, el agua limpia, el saneamiento, la educación, el empleo, la protección social, la atención de la salud y el apoyo a la resiliencia.

La pobreza extrema y el hambre son predominantemente rurales, y los pequeños agricultores y sus familias representan una proporción muy importante de las personas que viven en la pobreza y pasan hambre. Por lo tanto, la erradicación de la pobreza y el hambre está inextricablemente ligada al aumento de la producción de alimentos, la productividad agrícola y los ingresos rurales.

Los sistemas agrícolas de todo el mundo deben ser más productivos y presentar menos desperdicios. Es necesario tratar de lograr unas prácticas agrícolas y unos sistemas alimentarios sostenibles desde una perspectiva holística e integrada, lo que engloba tanto la producción como el consumo.

La tierra, los suelos sanos, el agua y los recursos fitogenéticos son insumos clave para la producción de alimentos y, en vista de que su escasez es cada vez mayor en muchas partes del mundo, es imprescindible utilizarlos y gestionarlos de forma sostenible. Aumentar el rendimiento de las tierras agrícolas existentes, incluida la restauración de las tierras degradadas, mediante prácticas agrícolas sostenibles también aliviaría la presión de la tala de bosques para la producción agrícola. La gestión sensata de los escasos recursos hídricos mediante la mejora de las tecnologías de riego y almacenamiento, y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos resistentes a la sequía pueden contribuir a mantener la productividad de las zonas secas.

Detener e invertir la degradación de las tierras también será fundamental para satisfacer las futuras necesidades alimentarias. En el documento final de la Conferencia Río+20, se hace un llamamiento para lograr una degradación neutra del suelo en el contexto del desarrollo sostenible. Dada la magnitud actual de la degradación de las tierras en todo el mundo, los posibles beneficios de la restauración de las tierras en pro de la seguridad alimentaria y la mitigación del cambio climático son enormes. Sin embargo, también se reconoce que el conocimiento científico acerca de los factores que impulsan la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía todavía está evolucionando.

Existen muchos elementos de los conocimientos tradicionales de los agricultores que, enriquecidos por las últimas constataciones científicas, pueden favorecer los sistemas alimentarios productivos mediante una gestión racional y sostenible del suelo, la tierra, el agua, los nutrientes y las plagas, y un uso más extendido de los fertilizantes orgánicos.

Es necesario aumentar los procesos integrados de toma de decisiones a nivel nacional y regional para lograr sinergias y abordar adecuadamente el equilibrio entre la agricultura, el agua, la energía, la tierra y el cambio climático.

Dados los cambios previstos en las temperaturas, las precipitaciones y las plagas asociados al cambio climático, se exhorta a la comunidad mundial a aumentar la inversión en investigación, desarrollo y demostración de tecnologías para mejorar la sostenibilidad de los sistemas alimentarios en todo el mundo. El aumento de la resiliencia de los sistemas alimentarios locales será fundamental para evitar la escasez a gran escala en el futuro y para garantizar la seguridad alimentaria y la buena nutrición para todos.